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Dalí y el Carnaval
Mérida es una capital cultural de primera importancia
José Ramón Enríquez
Mérida, 7 de febrero de 2010. Ya estuvieron por aquí los Sueños de la Razón del inmenso aragonés Francisco de Goya y, antes, grabados del no menos gigantesco malagueño Pablo Picasso. Es el turno ahora del catalán Salvador Dalí.

El esfuerzo de traer esta obra plástica no sólo permite que la gocemos quienes hemos recorrido las salas del Olimpo en la Ciudad de Mérida (65 mil para ver Picasso, 45 mil  para Goya aun en tiempos de influenza), sino que tendrá resultados a mediano y a largo plazos, porque los jóvenes y, sobre todo, los niños que hoy contemplan aparentemente sin entender se alimentan de imágenes que mañana les permitirán tanto una serie de expresiones artísticas propias cuanto la posibilidad de admirar nueva obra plástica ajena. Inclusive aquella obra que niegue a Goya o a Picasso o a Dalí.

Quienes piensan que es lo mismo admirar en una página de internet una obra de arte, muy probablemente nunca han estado frente a ella en vivo. Y es una injusticia que quien no tenga dinero para pagarse un viaje a las ciudades con grandes museos quede limitado a la reproducción. Obviamente no es posible traer todo, pero algo resulta ya importante.

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La belleza de un helecho
Eugenia Montalván Colón
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Caminar por caminar
La belleza de un helecho


Al ver un helecho
recuerdo
el zaguán de la casa 
en la que viví
cuando era niña.
Mi mamá consentía
a cada uno en su maceta;
eran muchos.
Ahora mismo podría tocar
el timbre,
esperar
que mi mamá abra la puerta,
entrar y pasar
corriendo delante de ellos.
Entonces, esperaría
a que timbrara 
mi papá...
y, camino a la puerta,
hacerme grande
en el zaguán
creyendo que,
de verdad,
era él quien iba a llegar.