Mérida, 7 de febrero de 2010. Ya estuvieron por aquí los Sueños de la Razón del inmenso aragonés Francisco de Goya y, antes, grabados del no menos gigantesco malagueño Pablo Picasso. Es el turno ahora del catalán Salvador Dalí.
El esfuerzo de traer esta obra plástica no sólo permite que la gocemos quienes hemos recorrido las salas del Olimpo en la Ciudad de Mérida (65 mil para ver Picasso, 45 mil para Goya aun en tiempos de influenza), sino que tendrá resultados a mediano y a largo plazos, porque los jóvenes y, sobre todo, los niños que hoy contemplan aparentemente sin entender se alimentan de imágenes que mañana les permitirán tanto una serie de expresiones artísticas propias cuanto la posibilidad de admirar nueva obra plástica ajena. Inclusive aquella obra que niegue a Goya o a Picasso o a Dalí.
Quienes piensan que es lo mismo admirar en una página de internet una obra de arte, muy probablemente nunca han estado frente a ella en vivo. Y es una injusticia que quien no tenga dinero para pagarse un viaje a las ciudades con grandes museos quede limitado a la reproducción. Obviamente no es posible traer todo, pero algo resulta ya importante.
|